Filantropía
Julio Cortázar
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar
Conservación de los recuerdos
Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: «Excursión a Quilmes», o: «Frank Sinatra». Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: «No vayas a lastimarte», y también: «Cuidado con los escalones.» Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras en las de los cronopios hay una gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas
en su sitio.
Julio Cortázar
El Futuro
Y se muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
Julio Cortázar

Julio Cortázar nació en Bruselas en 1914. Es uno de los escritores argentinos más importantes de todos los tiempos. Realizó estudios de letras y de Magisterio y trabajó como docente y traductor n varias ciudades del interior de Argentina. En 1951 fijó su residencia definitiva en París, desarrollando desde allí una obra literaria única dentro de la lengua castellana. Algunos de sus cuentos figuran entre los más perfectos del género. Rayuela conmocionó el panorama cultural de su tiempo y marcó un hito insosloyable dentro de la narrativa contemporánea.
Cortázar murió en parís en 1984
OBRAS DESTACADAS
Bestiario (cuentos), 1951.
Final de juego (cuentos), 1956.
Los premios (novela), 1960
Historias de cronopios y de famas (cuentos), 1962
Rayuela (novela), 1963
Todos los fuegos el fuego (cuentos), 1966
La vuelta al día en ochenta mundos (ensayo, poesía y cuentos) ,1967
El perseguidor y otros cuentos (cuentos),1967
62: Modelo para armar (novela,) 1968
Libro de Manuel (novela), 1973
Octaedro (cuentos), 1974
Un tal Lucas (cuentos), 1979
Queremos tanto a Glenda (cuentos), 1980
Desboras (cuentos) 1982

LENGUAJE GLÍGLICO
Lenguaje gíglico (ese juego casi egocéntrico con el castellano sólo apto para genios) se remonta a uno de los maestros de Cortázar.
El lenguaje gíglico, mucho por decir pero no se puede(casi místico, tú lo hablas, pero no se sabe cómo), ese invento que muchos atribuyen, a una borrachera de Julio, a, quizá, un juego de hombre-mujer, en esa intríngulis donde hay espacio suficiente para la equivocación de verbos y que de esa equivocación nace este lenguaje inventado a partir del castellano o sino, tal vez, constituye una ruptura de él, un divorcio formal con el habla coloquial, fuera de las plazas y tumultos para subirse a algo más alto, imperecedero, inmortal pero poco sabido…
He aquí el capítulo 68 de rayuela, más que eso es imposible decir:
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 68
Solo con esto podemos darnos cuenta cómo nació el lenguaje glíglico, este hombre fue un verdadero genio, talento nato. Te invito a leer sus bellas obras, llenas de gran literatura que te traslada aquellas épocas, parís suena inalcanzable pero con RAYUELA uno se traslada aquella ciudad de ensueños.

Gracias querida madre
Quise tomarme el tiempo necesario para escribirle a aquella persona que amamos, que con un beso y un abrazo lo mejora todo, esto es para ti madrecita mía.
Gracias por soportar lo insoportable. Por sacar de donde no hay. Por dar cuando tu bolso estaba vació. Por querernos cuando no lo merecíamos.
Gracias por hacer lo imposible con una sonrisa.
Gracias por prestarme toda tu atención cuando te explicaba un complejo cálculo.
Gracias por ganar el dinero con que me criaste.
Gracias por esperarme a la puerta de la escuela.
Gracias por defenderme de aquel Chico Horrible.
Gracias por las golosinas que metías en mi cartera.
Gracias por explicarme la resta y la multiplicación.
Gracias por lograr que las paperas no fuesen anda malo.
Gracias por estar siempre allí cuando te necesitaba mil gracias
TE AMO MADRE MIA



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